Leyenda de los Volcanes. Parte 1. Estado de México.


Parte fundamental del conocimiento popular radica en las leyendas, historias que pasadas oralmente de generación en generación narran sucesos acaecidos en otros tiempos pero que buscan explicar hechos a veces inexplicables a través de relatos muchas veces románticos, a veces trágicos, que se han ido adaptando a tiempos y circunstancias, pero que al fin, conservan la memoria de un pueblo.

Es por eso que he decidido abrir una sección de leyendas mexicanas, mismas que nos ayudarán a conocer nuestra identidad, nuestra historia y que nos permitirán, como lo hicieron nuestros abuelos a continuar la tradición de narrarlas a nuestros hijos para su perpetuidad.

Comenzaré con quizá una de las más famosas y antiquísimas leyendas, la primera que me contó mi abuelo y de la cual tengo memoria, pero existen varias versiones que presentaré en este espacio. ¿Cuál es la verdadera? quizá no importa, tan sólo el contemplar la hermosura de esos colosos que vigilan la Ciudad de México nos remite a una sola cosa: el amor.

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La Leyenda de los Volcanes

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Un día, el cacique de Tlaxcala decidió pelear por la libertad de su pueblo y empezó una terrible guerra entre aztecas y tlaxcaltecas. La bella princesa Iztaccihuatl, hija el cacique de Tlaxcala, estaba enamorada del joven Popocatépetl, uno de los principales guerreros de este pueblo.

Antes de ir a la guerra, el joven pidió al padre de la princesa la mano de ella, si regresaba victorioso. El cacique de Tlaxcala aceptó el trato, prometiendo recibirlo con el festín del triunfo y el lecho de su amor.

Al poco tiempo de la guerra, un rival de Popocatépetl invento que éste había muerto en combate. Al enterarse, la princesa Iztaccihuatl lloró amargamente la muerte de su amado y murió de tristeza.

Popocatépetl venció en todos los combates y regresó triunfante a su pueblo, pero al llegar, recibió la terrible noticia de que su amada había muerto. Para honrarla, Popocatépetl mandó que veinte mil esclavos construyeran una gran tumba ante el Sol, amontonando diez cerros para formar una gigantesca montaña.

Iztaccihuatl

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Desconsolado, tomo el cadáver de princesa y lo cargó hasta depositarlo recostado en su cima, que tomó la forma de una mujer dormida. El joven le dio un beso póstumo, tomó un antorcha humeante y se arrodilló en otra montaña frente a su amada, velando su sueño eterno. La nieve cubrió sus cuerpos y los dos se convirtieron, lenta e irremediablemente, en volcanes.

Desde entonces permanecen juntos y silenciosos Iztaccíhuatl y Popocatépetl , quien a veces se acuerda del amor y de su amada: entonces su corazón que guarda el fuego de la pasión eterna, tiembla y su antorcha echa un humo muy triste.
En cuanto al cobarde tlaxcalteca que por celos mintió a Iztaccíhuatl sobre la muerte de Popocatépetl, también se convirtió en una montaña, el Pico de Orizaba y se cubrió de nieve. Le pusieron por nombre Citlaltépetl, o “ Cerro de la estrella” y desde allá lejos vigila el sueño de los dos amantes a quienes nunca, jamás podrá separar.

Popocatépetl en náhuatl del verbo popoa que significa “humo” y del sustantivo tepetl, “cerro”, es decir, el “Cerro que humea”.
Iztaccíhuatl deriva de iztac, “blanco”, y cilhuatl “mujer”, quiere decir “Mujer blanca”. La conocemos también como la “mujer dormida”.

Popocatepetl

Otra versión cuenta que la doncella Iztaccihuatl era una princesa, la cuál por ser la más hermosa sería sacrificada a los dioses para las buenas cosechas, sin embargo el guerrero Popocatépetl la amaba y no podía permitir que la sacrificaran, así que para evitarlo debía huir con ella, pero cuando escapaban los guardias los descubrieron, y una flecha hirió a la princesa, su amado la tomó en brazos y continuó corriendo, una vez lejos, a salvo, la recostó sobre el campo, jurándole que la cuidaría por siempre, que esperaría hasta que ella despertará de su sueño, para poder continuar viviendo su amor. Pero ha pasado tanto tiempo que los campos y la nieve los han cubierto.

Hay otras versiones de esta leyenda. ¿Te gustaría conocerlas?. La Leyenda de los Volcanes. Parte 2.

Citlaltepetl

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3 thoughts on “Leyenda de los Volcanes. Parte 1. Estado de México.

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