Jueves de Corpus Christi


En el siglo XIII, la madre Juana, piadosa priora del convento Monte-Cornillón de Lieja (Bélgica), dominada por el profundo amor que profesaba a la Sagrada Eucaristía, y al no haber ninguna festividad que solemnizara la augusta institución de Jesucristo, quiso iniciarla; fue secundada por el arcediano de la Catedral de Lieja, Jacobo Pantaleón, quien el 8 de septiembre de 1246, después de ser elevado al solio pontificio con el nombre de Urbano IV, hizo extensiva esta fiesta a todo el orbe católico. En 1316, Juan XXII decretó la procesión de Corpus y su octava y el oficio divino fue redactado por Santo Tomás de Aquino.

Mi hermano y yo siguiendo la tradición.

Mi hermano y yo siguiendo la tradición.

El Jueves de Corpus es otra de las tradiciones de carácter religioso en México, de acuerdo con los cronistas, el Jueves de Corpus comenzó a celebrarse en 1526, apenas cinco años después de la caída de la Gran Tenochtitlán.

Esta tradición se iniciaba con una solemne procesión encabezada por el arzobispo, que salía de la puerta poniente de la Catedral Metropolitana seguida por el clero establecido en la Nueva España, las autoridades civiles, gremios, cofradías, etc., a la que se sumaba el pueblo en el recorrido que se hacía por los distintos rumbos de la ciudad, y durante esta celebración, el zócalo de la ciudad de México era invadido por los creyentes, originando con el paso del tiempo que comerciantes y artesanos se dieran cita en el centro de la capital, arreando a sus mulas en cuyos lomos cargados de huacales, transportaban sus mercadería; además, los arrieros adornaban sus mulas para que fueran bendecidas, llevaban ofrendas de flores silvestres y frutos campiranos, lo cual daba el toque pintoresco a dicha celebración con las mulas, el colorido de las frutas de temporada y las artesanías dentro de un ambiente de feria.

La celebración del Jueves de Corpus dio origen al teatro novo-hispano porque parte de las actividades religiosas de ese día era la representación de los autos sacramentales a un costado de la Catedral.

Mi mamá en Jueves de Corpus

Mi mamá en Jueves de Corpus

Como una remembranza de los indígenas que llegaban el Jueves de Corpus a la Plaza Mayor con sus huacales de mercancías, se hizo costumbre llevar a los niños a la catedral (o a La Villa de Guadalupe), durante esta celebración, vestidos de inditos, llevando en sus espaldas un huacal, listos para que los fotografíen para eternizar el hermoso recuerdo de ese día en interesantes escenarios imitando jacales, adornados con artesanías populares, plantas, flores, aves y burros en vez de mulas.

Por si algo faltara, fuera del atrio, lucen todos los elementos necesarios para ataviar a los pequeños: vestidos de algodón primorosamente bordados en brillante colorido, cintas, huaraches, collares de cuentas y de chaquira; sombreros, morrales y huacales; flores, verduras y frutas de verdad o de mentiritas, de pasta de almendra o de pepita.

La procesión se efectúa actualmente dentro de la Catedral, precedida por los párrocos de la Arquidiócesis de México y los niños vestidos de inditos acompañados por sus padres y seguidos por el arzobispo, quien bajo el antiguo palio lleva la custodia con la que bendice a los concurrentes a la ceremonia. Por determinación eclesiástica, la fiesta se transfirió del Jueves de Corpus Christi el domingo siguiente. Sólo en la Catedral se continúa celebrando en jueves.

Cuentan que un hombre, llamado Ignacio, tenía dudas acerca de su vocación sacerdotal y un jueves de Corpus le pidió a Jesucristo que le enviara una señal. Al Pasar el Santísimo Sacramento frente a Ignacio en la procesión, él pensó: “Si ahí estuviera presente Dios, hasta las mulas se arrodillarían” y, en ese mismo instante, la mula del hombre se arrodilló. Ignacio interpretó esto como señal y entregó su vida a Dios en el sacerdocio y se dedicó para siempre a transmitir a los demás las riquezas de la Eucaristía. 

Mientras, en el atrio exterior continúa la fiesta con los pequeños, los fotógrafos y la interesante vendimia donde también están a la venta hermosas y originales artesanías relacionadas con la fiesta, entre las que sobresalen las famosas mulitas de mil tamaños y formas que invaden las banquetas. Las hay de totomoxte (hoja de maíz), de tule, de barro, de vidrio soplado y de muchos y variados materiales, desde muy grandes hasta las más pequeñas para la solapa, pero todas con sus huacales en los costados, que recuerdan a las que transportaban las mercancías hasta la Plaza Mayor durante esta celebración.

Una “mulita” es el regalo más socorrido, ponerse una mulita en la solapa o comprar una mulita para adornar la casa, significa que, al igual que la mula de Ignacio, nos arrodillamos ante la Eucaristía, reconociendo en ella la presencia de Dios, aunque también se le da un toque picaresco y en son de broma, para los Manueles y también para otros que no se llaman así, se acompaña de la siguiente expresión:

¡Felicidades en tu día!

La presencia de las mulas en esta celebración despertó el ingenio y la picardía del pueblo dándole a esta fecha la denominación de “día de las mulitas”.

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Para conocer las crónicas de cómo se realizaba esta festividad visite esta liga.

Conoce la tradición del Jueves de Corpus en Tehuantepec, Oaxaca

Ciclo del Tzolk’in/Corpus Christi – Voladores de Papantla

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