Para calzarme. Nahui Olin


Para calzarme

Para calzarme

los pies

tengo que

buscar

unos zapatos

rojos y negros

que besen

la tierra

con las puntas

que perfeccionen

los contornos

de mis piernas

con unos calzados

rojos y negros

que señalen

el peligro

de ver

mis piernas

salir

de mis faldas

que terminan

en las rodillas

Y

recojo

mis

faldas

con

grandes nudos

que

no desato

más que ante las

miradas de aquel

a quien

le gustan mis rodillas

mis

pies calzados

con

unos zapatos

Rojos y negros

En

mis pasos

que

son tan diferentes

  caminando

     he inventado

        una música

           moderna

              que

                 repite mis inquietudes

                   encarceladas

en mis pies

calzados

de rojo

de negro.

Colores

que se pueden ver

sin ver

que hay en mi vida

en mis pasos

en mis pies

algo

 Rojo y Negro

.

Nahui Olin –María del Carmen Mondragón Valseca- (1893-1978)

Mi nombre es como el de todas las cosas: sin principio ni fin, y sin embargo sin aislarme de la totalidad por mi evolución distinta en ese conjunto infinito, las palabras más cercanas a nombrarme son NAHUI-OLIN. Nombre cosmogónico, la fuerza, el poder de movimiento que irradian luz, vida y fuerza. En azteca, el poder que tiene el sol de mover el conjunto que abarca su sistema, pero, sin embargo hace siglos que existe mi substancia sin nombre alguno va evolucionando y hace siglos y ahora mismo que no tengo nombre y voy marchando sin descanso alguno en un tiempo sin fin y soy en una faz distinta el sin principio ni fin de todas las cosas.

 y entonces renunció, para siempre, a ser María del Carmen Mondragón Valseca.

.

La mujer que dicen que fue la más bella de su época nació el 8 de julio de 1893 en México pero estudió en Francia, cuando Porfirio Díaz envió a su padre a Europa en una misión. A los 10 años, Carmen escribía rebelde: “Protesto a pesar de mi edad por estar bajo la tutela de mis padres”, cuando pensaba en que le arreglarían un matrimonio.

Carmen, hija del General Mondragón – quién resulto ser uno de los participantes de la Decena Trágica, motivo por el que fue desterrado del país – fue conocida desde siempre como una niña burguesa con un espíritu indomable, con una gran ansiedad por amar y ser amada – aún cuando yo diría idolatrada – .

En 1921, después de una larga estadía en Europa, regresa a México, donde es pionera en el uso de la minifalda – lo cual obviamente le acarrea la censura social – y se mezcla con los círculos culturales más importantes de la época, donde ella no sólo es musa sino también creadora: la poesía y la pintura son sus dos principales formas de expresión, aún cuando varios de sus textos hoy en día no han sido publicados.

A los 20 años se enamora de un cadete del regimiento de su padre, el después pintor Manuel Rodríguez Lozano quién resultaría un fiasco total para ella tanto en lo emocional como en lo intimo: un hombre homosexual que la acusaría durante mucho tiempo de haber asesinado a  su único hijo en uno de sus ataques de locura característicos y con quién en 1913 se casó; el matrimonio fue tormentoso , signado por peleas y la muerte de su único hijo cuando todavía era un bebé; la leyenda dice que la propia Carmen lo ahogó, pero la investigación histórica sostiene que el niño falleció mientras dormía. En 1921 el matrimonio volvió a México; Carmen quiso el divorcio, pero su familia no se lo permitió, no eran épocas de divorcios, pero a Carmen poco le importó.

Conoció a Gerardo Murillo, famoso artista y vulcanólogo mexicano que intervenía en política y juntos se mudaron al ex convento de La Merced, en Ciudad de México. Murillo se cambió su nombre por Dr. Atl (agua en náhuatl) cuando viajaba en barco de Nueva York a París y se desató una tremenda tempestad. Según esa costumbre, el Dr. rebautizó a su amante como Nahui Olin, que es la fecha que en el calendario azteca significa el movimiento renovador de los ciclos del cosmos.

La relación fue apasionada y escandalosa para su época, incluso comparada con el no menos tempestuoso romance de Diego Rivera y Frida Khalo. Nahui era muy celosa y lo demostraba con escenas que el propio Atl se encargaba de difundir:

 “La vida se ha vuelto imposible. Los celos nos torturan. Yo, más dueño de mí mismo, me contengo, pero ella es un vendaval. Esta mañana dos pobres muchachas, que después de abandonar mi consultorio se atrevieron a subir a la azotea para contemplar el panorama de la ciudad, provocaron una furia terrible en Nahui, que ahí estaba. Apenas las vio, se les echó encima. Trató de empujarlas hacia el borde de la cornisa, con la intención de arrojarlas al patio. Me interpuse. Hubo escenas violentas… Cuando subí al gran salón encontré a Nahui dando vueltas como una fiera enjaulada, con los ojos iluminados por relámpagos de rabia. Esa primera tempestad anunciaba el tiempo de lluvias, los truenos y las tormentas y los rayos que habrían de fulminarme”.

Eran los años veinte, y el México macho se escandalizó ante un grupo de mujeres que, aún sin tener derecho a voto, rompían moldes y convenciones: Tina Modotti, Lupe Marín, Lupe Rivas Cacho, Nellie Campobello, María Dolores Asúnsolo, Dolores del Río, Frida Kahlo, Clementina Otero y Antonieta Rivas Mercado.  De todas ellas Nahui Olin fue la más atrevida, la más libre y rebelde. Pero la sociedad de su época prefirió calificarla como descarada, libertina y perturbada. Nahui prodigó su cuerpo, se retrató desnuda, hablaba sin prejuicios, rompió esquemas. Y la “gente de moral y buenas costumbres”, incapaz de comprender, la consideraba loca.

Ser modelo para los más importantes pintores y fotógrafos de su época; escribir sobre asuntos que en aquellos años eran exclusivos para hombres; practicar con libertad su sexualidad, y deslumbrar constantemente con su belleza y retratos de desnudo causaron verdadero espanto en la sociedad de su época, pero nunca cambiaron su modo de pensar y de vivir.

En 1923, Nahui conoció a los fotógrafos Tina Modotti y Edward Weston; este último realizó los mejores retratos de su carrera con Nahui como modelo.  Nahui Olin compartía largas veladas bohemias junto a Dolores del Río, Guadalupe Marín, Antonieta Rivas Mercado, María Tereza Montoya, Frida Kahlo, Tina Modotti, Lupe Vélez y María Izquierdo,  Xavier Villaurrutia, José Vasconcelos Calderón, Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros.

Ella, mientras tanto, se volvía a enamorar, ya separada del tremendo Atl; en pareja con el pintor y caricaturista Matías Santoyo, partió hacia Hollywood y decidió dejarse fotografiar desnuda. En 1927 escandalizó México con una muestra de sus desnudos para el fotógrafo Antonio Garduño. Pero dos años después, ya estaba fuera de México: se enamoró de un capitán de barco, Eugenio Agacino. Durante un viaje, en 1934, el capitán se intoxicó y falleció en Cuba.

Nahui Olin fue una artista, por épocas pintora, por épocas escritora o compositora. Pero México la olvidó hasta que en 1992 se comenzó a hacer una catalogación de sus pinturas para una retrospectiva que se concretó en 1993 en el Estudio- Museo Diego Rivera, de la Ciudad de México.

Al igual que Frida se pinta a sí misma una y otra vez. Hay otros temas en sus pinturas, consideradas del estilo naïf , pero ella misma es su tema predilecto.

 “Nahui era de esas personas, como Frida, que se desconocen, que no se encuentran, que no saben quiénes son, que se fotografían y autorretratan para verse a sí mismas.”

Y yo me atrevo a agregar, que pintarse a sí mismas tal vez fue el único modo que encontraron de hacerse eternas…

Andrés Henestrosa

Después de la muerte de Eugenio Agacino, Nahui Olin no volvió a ser la misma. Dedicó menos tiempo a la pintura y más a escribir. Sin embargo, expuso por última vez en 1945.

En los últimos años de su vida, vivió con sus gatos en la casa de la calle General Cano que heredara de sus padres, desempeñándose como maestra de pintura en una escuela primaria y sostenida apenas por una beca que, mes con mes, le daba Bellas Artes. Andaba por la calle vestida con harapos, y decía que “era la dueña del sol: cada mañana, lo hacía salir con su mirada, y cada noche lo devolvía al ocaso”. Se convirtió en un personaje triste para todos, menos para ella, que seguía orgullosa de su cuerpo y su pasado. Nunca pudo olvidar a Eugenio: hasta su muerte, colgó en su casa una sábana donde había pintado a su amante capitán y dormía abrazada a ella.

Muy enferma pide a sus sobrinas que la trasladen a la recámara donde nació y el 23 de enero de 1978, Carmen Mondragón / Nahui Olin, cierra por siempre sus bellos y enormes ojos verdes.

Los restos mortales de Carmen Mondragón descansan en el Panteón Español en la Ciudad de México.

“Mi cuerpo y mi espíritu tienen siempre loca sed de esos mundos nuevos que voy buscando sin cesar y de las cosas o los individuos que tienen siempre nuevos rostros bajo la influencia de mi espíritu, es una inquietud creadora que juega con esos mundos que voy creando”.

Nahui Olin

Afortunadamente, al igual que con Frida KahloGuadalupe Amor,  existe un reciente y renovado interés por su vida y su obra.

“¿De dónde provienen los ojos de sulfato de cobre de algunas mexicanas que las hacen parecer ciegas o brujas o veladas por una hoja de árbol, una ola de mar? De que Nahui Ollin tenía el mar en los ojos no cabe la menor duda. El agua salada se movía dentro de las dos cuencas y adquiría la placidez del lago o se encrespaba furiosa tormenta verde, ola inmensa, amenazante. Vivir con dos olas de mar dentro de la cabeza no ha de ser fácil. Convivir tampoco. El Doctor Atl vio a Nahui en un salón y se abrió ante él un abismo verde como el mar. ‘Yo caí en ese abismo, instantáneamente, como el hombre que resbala de una alta roca y se precipita en el océano. Atracción extraña, irresistible.’ La invitó a ver su pintura en una vieja mansión en la calle Capuchinas número 90. –Quizá le gustaría a usted ver mis cosas de arte. Así le dijo la serpiente a Eva, y así empezó el paraíso para ambos. ¡Pobre de Nahui! ¡Pobre del Doctor Atl!”

Los casos de Nahui Olin y de Pita Amor son emblemáticos. El rechazo y la censura las volvieron cada vez más contestatarias y las dos hicieron del reto y de la provocación su forma de vida.

Elena Poniatowska

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2 thoughts on “Para calzarme. Nahui Olin

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