El barrio y el mercado de La Merced


24 de septiembre, Día de Nuestra Señora de la Merced.  Día en que familiarmente recordamos el cumpleaños de mi bisabuela “Doña Meche”  ó Mercedes Echegoyen de Córdova y cada vez que pienso en ella y sus frases (pues era muy dicharachera), pienso en alguien que con su ejemplo sacó adelante a sus hijos (entre ellos a mi abuelo) y a sus nietos como lo hace ahora mi madre.

Recuerdo sus recetas, su cuidado en las plantas y cómo un día 10 de mayo (Día de las madres en México) le canté una canción que me enseñaron en la escuela y horas después ella se convirtió en un ángel más que guía nuestros pasos.

Es gracias a estos recuerdos que me vino a la mente que este día también es de festejo en uno de los lugares más tradicionales, interesantes y populares de la Ciudad de México: El barrio y el mercado de La Merced.

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El barrio y el mercado de La Merced

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“Entre las nueve y diez de la mañana, hora en que el sol (…) empezaba a bañar con sus ardorosos rayos la famosa y sucia calle de Roldán, las familias abandonaban el canal (…) bien abastecidas de flores y no pocas, además, de hortaliza y de legumbres”.   Don Antonio García Cubas en El libro de mis recuerdos (1904).

Cuando escuchamos hablar de La Merced, pensamos en el mercado situado en el Centro Histórico de la Ciudad de México, pero La Merced es más que eso, pues trascendió su condición de centro de abasto y se convirtió en un barrio dedicado al comercio.

Tres grandes mercados marcaron al barrio de La Merced: el de México-Tenochtitlan, el de El Volador (fines del siglo xviii-1860) y el de La Merced (1861-1957).

Entre 1360 y 1420, cuando se estructuró el sistema de acequias de México-Tenochtitlan, se construyó un canal que comunicaba al imperio mexica con Xochimilco, vivero de la ciudad hasta la primera mitad del siglo XX. El afluente de aquella vía desembocaba en el costado sur de las casas de Moctezuma, donde hoy  está Palacio Nacional. A través de su caudal se transportaban las mercancías para abastecer al principal mercado de México-Tenochtitlan.

A lo largo de la vía fluvial, que atravesaba el actual barrio de La Merced, había mercados grandes y chicos, entre ellos los ahora conocidos como La Viga y Santa Anita. Del siglo XVI al XIX, al canal prehispánico se le llamó Acequia Real.

La Acequia Real se mantuvo en uso hasta principios del siglo XX y se desecó por completo en 1939. Hoy podemos ver sobre la calle de Corregidora una serie de incrustaciones en el piso que indican por dónde corrían sus aguas.

El primer intento de ordenar los espacios comerciales fue el mercado de El Volador, esto a finales del siglo XVIII y se ubicaba donde ahora está la Suprema Corte de Justicia de la Nación, justo en la desembocadura de la Acequia Real. Más de un siglo después, en la década de 1860-1870, se volvió insuficiente y vendedores ambulantes inundaron la Plaza Mayor y los alrededores.

En 1860 se pensó en reubicar el mercado para concentrar todo el comercio que se había diseminado en sus alrededores. Ante la falta de lotes baldíos, y dada la desamortización de los bienes de la iglesia, se escogió el espacio que ocupaban la escuela, templo y parte del convento de La Merced, por su cercanía con el Puente de Roldán.

Durante la Colonia y hasta finales del siglo XIX, el puente de Roldán fue el principal puerto interior de la Ciudad de México, y estaba donde confluyen las calles de Roldán y Venustiano Carranza. Ahí convivía con la Alhóndiga, el mayor almacén de granos de la capital de la Nueva España. Al puente acudían los vendedores de los tianquixtli (tianguis) para surtirse de granos en la Alhóndiga, y de vegetales y hortalizas en las embarcaciones.

El mercado toma su nombre del barrio, «La Merced», que a su vez fue nombrado así después de que se estableciera el monasterio de Nuestra Señora de la Merced de la Redención de los Cautivos en 1594, que era llamado coloquialmente el monasterio de La Merced. La mayor parte de este monasterio ha desaparecido, queda sólo el claustro con decoración plateresca.

Aquí fueron llegando muchos comerciantes de cerca y de lejos trayendo sus mercancías.

El barrio es antiguo y tiene historias y leyendas, tales como los susurros de Doña Esperanza Goyeneche de García Ruiz, quien murió trágicamente aquí. Otra consiste en un jefe indígena que recibió dinero para ser espía de los españoles y fue descubierto. Se dice que cuando esto ocurrió, se quedó quieto sin volver a moverse hasta que murió de tristeza.

Foto: Emma

El mercado de La Merced inició sus funciones a la intemperie en 1861; su construcción se terminó en 1880. Se le hizo demoler en 1957, cuando se inauguró el conjunto comercial ubicado sobre Anillo de Circunvalación, que también conocemos como Merced.

Así, el antiguo mercado de La Merced, que le dio nombre al barrio, estaba entre las actuales calles de República de Uruguay (antes Puerta Falsa de La Merced), Jesús María (Estampa de La Merced) y Talavera (Puente de La Merced).

El Mercado de la Merced está ubicado en la Delegación Venustiano Carranza, en el corazón del DF. La dirección exacta es Rosario Puerta 4 Int. Nave Mayor, Col. Merced Balbuena y está abierto 6 a 18 hrs. Puedes llegar a esta zona a través de la estación del metro “Merced”, la cual tiene entradas tanto en las afueras del mercado, como dentro de uno de los edificios. Sabrán que han llegado porque los olores a verduras y fruta fresca traspasan las paredes e invaden la estación de manera inigualable.

Foto: Emma

Hoy en día, el Mercado de la Merced ocupa una gran manzana, es el mayor mercado minorista de alimentos tradicionales y el segundo mercado en importancia de la ciudad, después de la Central de Abasto que se encarga de la venta al por mayor.

El mercado está formado de dos naves. La mayor, destinada a la venta de aves, pescado, carne, frutas, legumbres y abarrotes. Frente a ésta hay, a su vez, tres secciones, una para la juguetería popular y la artesanía típica; la segunda, es para la venta de flores y plantas de ornamentación; y la tercera, para el mercado de dulces.

En el paso a desnivel también existen comercios y en ellos se vende cordelería, cestería y muchos artículos de artesanía como canastas, chiquihuites, tompeates, etcétera. En el exterior, el mercado no oficial o tianguis, continúa en las aceras y las calles entre el mercado y el Zócalo.

Es el sitio ideal para comprar productos regionales y es uno de los lugares más recomendables para degustar los antojitos mexicanos y saborear comidas caseras. Pero además hay que disfrutar del ajetreo de la gente, los gritos, la música de los puestos. Dos de las especialidades de este mercado son las quesadillas y las tostadas.

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Situado justo al otro lado de La Merced está el mercado de Sonora o el “mercado de las brujas”. Los visitantes acuden aquí para hacerse “limpias” y comprar remedios a base de hierbas medicinales, pociones de amor, talismanes y otros bálsamos espirituales. También se comercian animales y plantas.

Foto: Emma

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El Exconvento de la Merced

La orden de los frailes mercedarios, quienes llegaron a la Nueva España en 1593, fundaron una Provincia bajo la advocación de la visitación de nuestra Señora de la Merced, construyendo este lujoso convento en el siglo XVII. A causa de los avatares de las Leyes de Reforma, la iglesia y el convento fueron destruidos en 1862. Como testimonio documental sólo se conserva una vista de las techumbres del templo debidas al pincel de Pedro Gualdi en 1842.

El Claustro del Ex Convento de la Merced, es la única construcción que queda del conjunto del templo y convento que la orden mercedaria edificó en la Ciudad de México durante el periodo virreinal. Se dice de su templo que fue el más suntuoso de toda la Nueva España.

Es un recinto barroco lujoso y exuberante. La arquería de la planta baja resulta más sobria, por haberse realizado a mediados del siglo XVII, pero la del piso superior muestra la ornamentación propia de finales del mismo siglo. En cuanto a valor artístico, a juzgar por especialistas del arte, el patio interior es uno de los ejemplos mas bellos del estilo morisco en el continente americano. Presenta una arquería doble en el segundo piso decorada con motivos florales y arcos dentados.

Este lugar se encuentra en un proceso de restauración para su apertura al público por parte de especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

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