A mi madre. Vicente Riva Palacio


A mi madre

¡Oh, cuan lejos están aquellos días
en que cantando alegre y placentera,
jugando con mi negra cabellera,
en tu blando regazo me dormías!
¡Con que grato embeleso recojías
la balbuciente frase pasajera
que, por ser de mis labios la primera
con maternal orgullo repetías! 
Hoy que de la vejez en el quebranto,
mi barba se desata en blanco armiño,
y contemplo la vida sin encanto,
al recordar tu celestial cariño,
de mis cansados ojos brota el llanto,
porque, pensando en tí, me siento niño
Un golpe dí con temblorosa mano
sobre su tumba venerada y triste;
y nadie respondió … Llamé en vano
porque ¡la madre de mi amor no existe!
Volví a llamar, y del imperio frío
se alzó una voz que dijo: ¡Si existe!
Las madres, nunca mueren … Hijo mío
desde la tumba te vigilo triste …
¡Las madres, nunca mueren!
Si dejan la envoltura terrenal,
suben a Díos, en espiral de nubes…
¡La madre, es inmortal!

Vicente Riva Palacio y Guerrero  (1832-1896)

Vicente Riva Palacio y Guerrero nació en la ciudad de México el 16 de octubre de 1832; fue hijo de don Mariano Riva Palacio, abogado liberal a quien Maximiliano escogió como su defensor en Querétaro, y nieto por la línea materna, del general Vicente Guerrero, su madre fue doña Dolores Guerrero. Estudió en el Colegio de San Gregorio y se recibió de abogado en 1854. Rehusó la cartera de Hacienda que le ofrecía el presidente Juárez. Fue diputado en 1856 y 1861. Al año siguiente, cuando la guerra de intervención, armó por su cuenta una guerrilla para unirse al general Zaragoza, tomó parte en varias acciones militares. En 1863 fue nombrado gobernador del Estado de México y se estableció en Zitácuaro, plaza que al fin conservó contra el ataque de las fuerzas enemigas. En 1865 fue nombrado gobernador del estado de Michoacán, y a la muerte del general Arteaga quedó como general en jefe del Ejército del Centro. Terminada la campaña de Michoacán entrega las tropas a su mando, y organiza una nueva brigada con la que, después de sitiar y tomar la ciudad de Toluca, participa en el sitio de Querétaro (1867). A la caída del imperio de Maximiliano vuelve a la ciudad de México y renuncia al mando de tropas y al gobierno de Michoacán. En 1874 publicó contra el gobierno de Sebastián Lerdo de Tejada su famoso periódico satírico El ahuizote; en 1884 es encarcelado en la prisión de Santiago por atacar al gobierno del presidente Manuel González, allí escribió buena parte del segundo volumen de “México a través de los siglos”. Fue Magistrado de la Suprema Corte de Justicia ySecretario de Fomento. En 1886 es nombrado Ministro de México en Madrid, en donde fue muy apreciado en los círculos oficiales y académicos. Murió en Madrid el 22 de noviembre de 1896 y sus restos trasladados al país en el año de 1936. Actualmente descansa en la Rotonda de las Personas Ilustres.

Hombre de múltiples actividades y aptitudes, fue novelista, poeta, dramaturgo, historiador, crítico, orador, periodista, escritor satírico. Como poeta fueron famosos sus versos de combate que los liberales entonaban como canto de guerra. Su libro de poemas, Flores del alma, fue justamente celebrado. Los cuentos del general tal vez sea lo mejor de su obra narrativa. Su espíritu mordaz y punzante bulle en las páginas de El ahuizote y muy singularmente en su “galería de contemporáneos” que publicó con el titulo de Los Ceros.

Hábil narrador folletinesco que inventó la imagen que tenemos de la colonia (Martín Garatuza, Los piratas del Golfo), autor teatral, cronista de la violencia mexicana (El libro rojo), historiador, (México a través de los siglos), prisionero de Tlaltelolco, ministro de Fomento que trajo el teléfono, remodeló el Paseo de  la Reforma y desenterró a Palenque, representante de México en España, célebre en las tertulias madrileñas, dignificador de la narración breve como género artístico (Cuentos del general)… todo esto y más fue el inagotable Riva Palacio.

Tan vasta es su diversidad que aún dentro de la poesía, género al que consagra una parte mínima de su tiempo, presenta varias personalidades distintas: el poeta popular que da a los chinacos “Adiós, mamá Carlota”, el canto de guerra con el que tomaron Querétaro en 1867, el nacionalista que en colaboración con Juan de Dios Peza escribe Tradiciones y leyendas mexicanas, el burlador literario que inventa una poetisa “Rosa Espino” y le adjudica un libro entero (Flores del alma) y en medio de todo, el lírico que otorga a nuestra poesía dos de sus mejores sonetos: “Al viento” y “En el Escorial”. Clementina Díaz de Ovando, quien durante más de veinte años ha estudiado la vida y la obra del general y Los ceros figuran en esta misa serie presentados por José Ortiz Monasterio.

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