Nocturno. Manuel Acuña.


“No ha habido en la República poesía más popular ni que haya sido más recitada que ésa”.

José López Portillo y Rojas (sobre Nocturno)

Nocturno

A Rosario

¡Pues bien!, yo necesito decirte que te adoro,
decirte que te quiero con todo el corazón;
que es mucho lo que sufro, que es mucho lo que lloro,
que ya no puedo tanto, y al grito en que te imploro,
te imploro y te hablo en nombre de mi última ilusión.

Yo quiero que tú sepas que ya hace muchos días
estoy enfermo y pálido de tanto no dormir;
que están mis noches negras, tan negras y sombrías,
que ya se han muerto todas las esperanzas mías,
que ya no sé ni dónde se alzaba el porvenir.

De noche, cuando pongo mis sienes en la almohada
y hacia otro mundo quiero mi espíritu volver,
camino mucho, mucho, y al fin de la jornada,
las formas de mi madre se pierden en la nada,
y tú de nuevo vuelves en mi alma a aparecer.

Comprendo que tus besos jamás han de ser míos,
comprendo que en tus ojos no me he de ver jamás;
y te amo y en mis locos y ardientes desvaríos,
bendigo tus desdenes, adoro tus desvíos,
y en vez de amarte menos te quiero mucho más.

A veces pienso en darte mi eterna despedida,
borrarte en mis recuerdos y huir de esta pasión;
mas si es en vano todo y el alma no te olvida,
¿qué quieres tú que yo haga, pedazo de mi vida,
qué quieres tú que yo haga con este corazón?

Plaza Manuel Acuña, Saltillo, Coahuila.

Plaza Manuel Acuña, Saltillo, Coahuila.

Y luego que ya estaba concluido el santuario,
tu lámpara encendida, tu velo en el altar,
el sol de la mañana detrás del campanario,
chispeando las antorchas, humeando el incensario,
y abierta allá a lo lejos la puerta del hogar…

¡Qué hermoso hubiera sido vivir bajo aquel techo,
los dos unidos siempre y amándonos los dos;
tú siempre enamorada, yo siempre satisfecho,
los dos una sola alma, los dos un solo pecho,
y en medio de nosotros mi madre como un Dios!

¡Figúrate qué hermosas las horas de esa vida!
¡Qué dulce y bello el viaje por una tierra así!
Y yo soñaba en eso, mi santa prometida;
y al delirar en eso con alma estremecida,
pensaba yo en ser bueno por ti, no más por ti.

Bien sabe Dios que ese era mi más hermoso sueño,
mi afán y mi esperanza, mi dicha y mi placer;
¡bien sabe Dios que en nada cifraba yo mi empeño,
sino en amarte mucho en el hogar risueño
que me envolvió en sus besos cuando me vio nacer!

Esa era mi esperanza… mas ya que a sus fulgores
se opone el hondo abismo que existe entre los dos,
¡adiós por la vez última, amor de mis amores;
la luz de mis tinieblas, la esencia de mis flores;
mi lira de poeta,mi juventud, adiós!

Manuel Acuña Narro (1849-1873)

Manuel AcuñaNació el 27 de agosto de 1849 en Saltillo, Coahuila y falleció en  la Ciudad de México el 6 de diciembre de 1873 fue un importante poeta mexicano que se desarrolló en el estilizado ambiente romántico del intelectualismo mexicano de la época.

Fue el segundo de quince hijos. Como estudiante universitario abordó varias ramas de la ciencia, como filosofía y matemáticas, además de varios idiomas, como el francés y el latín. Aunque comenzó a escribir de pequeño e incluso estudió varios idiomas entre los que se encontraban el latín y el francés, su carrera literaria fue breve, aunque fructífera; también comenzó a estudiar medicina. Comenzó en 1869, con una elegía a la muerte de Eduardo Alzúa amigo suyo. El 24 de abril de ese mismo año, al lado de un grupo de intelectuales, fundó la Sociedad Literaria Nezahualcóyotl en uno de los patios del ex convento de San Jerónimo, que le sirvió para dar sus primeros pasos como poeta. Varios de sus trabajos de esta época se encuentran en el suplemento del periódico La Iberia.

Participó de círculos literarios junto a personajes importantes de las letras mexicanas como lo son Ignacio Manuel Altamirano, Juan de Dios Peza y Agustín F. Cuenca.

Murió después de ingerir cianuro en el cuarto número 13 del patio de los naranjos de la Escuela de Medicina ubicada en la esquina de Santo Sepulcro de Santo Domingo (hoy República de Brasil) y Cocheras (hoy República de Colombia) donde habitaba.

En su cortejo fúnebre iban varias de las figuras mayores de la literatura mexicana: Ignacio Manuel Altamirano, Vicente Riva Palacio y Luis G. Ortiz.  En el Cementerio de Campo Florido (un cementerio para pobres) se leyeron más de 20 piezas fúnebres en verso y prosa.   Entre las piezas lo más impresionante fue el poema de Justo Sierra (primera quinteta):

Palmas, triunfos, laureles, dulce aurora
de un porvenir feliz, todo en una hora
de soledad y hastío
cambiaste por el triste
derecho de morir, hermano mío.

Muchos autores entre los que se encontró José Martí escribieron acerca de este joven y perdido poeta mexicano:

“¡Lo hubiera querido tanto, si hubiese él vivido!… Hoy lamento su muerte: no escribo su vida; hoy leo su nocturno a Rosario, página última de su existencia verdadera, y lloro sobre él, y no leo nada. Se rompió aquella alma cuando estalló en aquel quejido de dolor”.

Hablaron también Juan de Dios Peza, su gran amigo, Gustavo Baz y Eduardo F. Zárate, entre otros.

Todo se va, todo se muere. A medida que se avanza en el camino del mundo, se van dejando pedazos del corazón sobre la fosa de cada uno de de los seres queridos que nos abandonan para siempre… Juan de Dios Peza

En octubre de 1917, el estado de Coahuila reclamó los restos de Acuña que, tras de haber sido honradas con una ceremonia en la Biblioteca Nacional, fueron trasladadas a Saltillo, su ciudad natal, donde yacen en la Rotonda de los Coahuilenses Ilustres del Panteón de Santiago.

Rosario de la Peña

Rosario de la Peña

Una de sus obras que más ha trascendido es “Nocturno“, el cual dedicó a Rosario de la Peña, de quien se dice que su enamoramiento fue la presumible causa de su infortunado suicidio, pero en opinión de algunos críticos, Rosario fue solamente una razón adicional a sus problemas de pobreza extrema.

Acerca de Rosario de la Peña se sabe que también fue pretendida (y hay escritos para ella cerca de una decena de poemas)  por Ignacio Ramírez, Francisco Frías y Camacho, Juan de Dios Peza, Antonio Coellar y Argomaniz, José Triay, Javier Santa María, Manuel María Flores, José Martí y Manuel M. Flores. Con todo, recientemente se ha dejado claro que aunque el enamoramiento por De la Peña pudo tener lugar, la realidad era que Acuña sostenía una relación menos idealizada con una poetisa que a la postre se convirtió en una intelectual famosa: Laura Méndez de Cuenca.

Lo que todos sabían pero callaron públicamente por décadas es la historia del hijo de Manuel Acuña y de Laura Méndez. Jamás en la prensa se tocó el tema, pero Pedro Caffarel Peralta descubrió el acta de defunción en 1958.  El hijo murió a los 3 meses de nacido, llevaba el mismo nombre del padre, pero al parecer poco o nada hizo por él.

Laura Méndez de Cuenca

Laura Méndez de Cuenca

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One thought on “Nocturno. Manuel Acuña.

  1. Murió después de ingerir cianuro en el cuarto número 13 del patio de los naranjos de la Escuela de Medicina ubicada en la esquina de Santo Sepulcro de Santo Domingo (hoy República de Brasil) y Cocheras (hoy República de Venezuela) donde habitaba.

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