La Alameda Central


“…este viejo jardín virreinal, imperial y republicano, en permanente decadencia y renovación, ruina y novedad, siempre grato a todos los mexicanos, nostalgia de viejos y asombro de niños, alegría de pobres y gozo de ricos, siempre rodeado por los testimonios del México, cambiante, tradicional y moderno, que permanecerá, alameda sin álamos, perpetuo actor y espectador, contemplando el largo devenir de la historia de una antigua y gran ciudad, donde aun se puede soñar en el pasado, pero también en el futuro.”

Efraín Castro Morales

La Alameda Central fue el primer jardín y paseo de la capital y de América Latina. Fue el 14 de enero de 1592 que el cabildo de la ciudad discutió en una reunión la petición del virrey Luis de Velasco, el Joven o el Segundo, de hacer “una alameda  adelante del tianguis de San Hipólito, en donde está la casa y tenería de Morcillo’ con una fuente y árboles para ornato de la ciudad, salida y recreación de los vecinos”. La obra se autorizó el 18 de febrero de ese mismo año.

El nombre de Alameda se debe a los álamos que ahí se plantaron, pero debido a lo fangoso del suelo, que no era favorable para el desarrollo de este tipo de árboles, tuvieron que ser sustituidos por fresnos.

Considerado como el primer paseo mexicano, en el laberíntico jardín se daba cita la élite de la sociedad novohispana, pero tras la culminación del mandato del virrey Luis de Velasco, la Alameda decayó hasta el punto de haber sido utilizada por vecinos de la ciudad para que pastaran sus caballos y se convirtió en basurero y refugio de malvivientes.

Durante varios años funcionó en el límite poniente del parque, en la plazoleta de San Diego, la hoguera de la Inquisición, donde eran condenados a muerte ateos, judíos o cualquier persona que no fuera conveniente para el régimen.

Años más tarde, con la ascensión al trono de España de la dinastía de los Borbón, Felipe V, quien había conocido la belleza de los jardines de Versalles y la preocupación por la belleza característica de la corte del Rey Sol, encargó personalmente para la Alameda, que se construyeran varias fuentes, se sembraran nuevos árboles y ampliaran las portones de acceso al parque. Asimismo ordenó que el propio virrey de la Nueva España debería velar personalmente por el buen estado de este jardín.

En sus lados mayores, de oriente a poniente, tiene un total de 513 metros y en los menores 259 metros. Posee una superficie total de 13.2 hectáreas seccionadas en 24 triángulos que forman siete glorietas con cinco fuentes, cada una adornada en el centro por estatuas de pie, teniendo la mayor de ellas, en su brocal o circunferencia, estatuas y perros de cantería.

En 1775, el virrey Carlos Francisco de la Croix amplió las calzadas laterales de la Alameda, la cual tomó ahora una forma rectangular en vez de la cuadrada que había tenido hasta entonces, de igual modo trazó las calzadas interiores y se mandaron construir cuatro nuevas fuentes.

Durante esa etapa la Alameda era el sitio favorito para el amor, a ella acudían todos los jóvenes y doncellas casaderas, que tras elaborados ritos de gestos y señas con su pañuelo y claro, con una rigurosa supervisión por parte de sus familiares podían iniciar un romance.

En la Ciudad de México, se acostumbraba que las mujeres casaderas salieran a pasear a la Alameda Central, donde conseguían las trece monedas que marca la tradición y cruzaban al Templo de  “San Juan de Dios” donde realizaban su ofrenda y su solicitud ante la imagen de San Antonio de Padua que ahí se encuentra. El Templo de  “San Juan de Dios” está ubicado en la Plaza de la Santa Veracruz (Av. Hidalgo 45, Centro Histórico) y fue construido en el siglo XVII como parte del Ex – convento de San Juan de Dios.

Fue en los últimos años del siglo XVIII cuando el virrey conde de Revillagigedo se preocupó por embellecer el lugar y ordenó rodearlo de una cerca de madera, en tanto que el siguiente virrey marqués de Branciforte, ordenó colocarle puertas de hierro y había un reglamento que decía que se prohibía la entrada a toda persona que tuviera la ropa rota, sucia y anduviera descalza.

Fue también a fines de ese siglo (en 1784) cuando se reglamentó la circulación de los coches que transitaban por sus calzadas en los días de fiesta, después de tener la cantidad exacta del gran número de automóviles en la ciudad capital: seiscientos treinta y siete.

En 1846, en una entrada triunfante del general Santa Ana a la capital, mandó sustituir el agua de las fuentes y llenarlas de ponche para que el pueblo tomara “hasta hartarse”.

Durante la duración del Segundo Imperio, la Alameda Central era uno de los paseos favoritos de la emperatriz Carlota Amalia de Bélgica, esposa del emperador de México, Maximiliano de Habsburgo. Carlota Amalia mejoró la jardinería del lugar con la siembra de una gran cantidad de rosas y donó la fuente de “Venus conducida por céfiros” obra del escultor Mathurin Moreau.

Posteriormente el presidente Benito Juárez mandó derribar los muros de la Alameda para “evitar crímenes que pudieran cometerse a favor del abandono y de las sombras”.  Con ello, durante el siglo XIX, se convirtió en un centro de reunión y paseo popular, se modificaron los jardines, se secaron definitivamente las acequias que la rodeaban; de 1853 data la fuente central y se introdujo un sistema de iluminación en 1868 y en 1892 se alumbró con luz eléctrica.

En 1899, el presidente Porfirio Díaz fue objeto de un atentado en La Alameda, y estuvo a punto de ser asesinado por un militar, quien le disparó a “quemarropa”.

Porfirio Díaz, como parte de las obras que emprendió para el mejoramiento de la ciudad, dio mantenimiento a la Alameda Central y mandó edificar el Palacio de Bellas Artes en el límite oriente y erigió el Hemiciclo a Juárez en el costado sur del parque, donde anteriormente se encontraba el Kiosco Morisco, que tras una breve estadía en esta alameda, fue traslado en 1909 a la Colonia Santa María La Ribera. Porfirio Díaz también retomó la costumbre que había iniciado el virrey Bucareli de realizar recitales musicales los domingos misma que perdura hasta nuestros días y lo convirtió en el sitio idóneo para las celebraciones de la Independencia.

El kiosko morisco al que llamaron “la Alhambra Mexicana”, fue diseñado por el ingeniero Ramón Ibarrola para la Exposición Internacional de Nueva Orleans en 1884, y luego, en 1900 fue montado en la Feria de St. Louis Missouri. Más adelante fue trasladado a México e instalado en la Alameda Central, frente al exconvento de Corpus Christi.  En 1910 fue llevado a la colonia Santa María la Ribera: su espacio en la Alameda Central lo ocuparon los 1620 bloques de mármol del Hemiciclo a Juárez.

A lo largo de su existencia, la Alameda ha sido escenario de grandes duelos amorosos y fuente de inspiración de artistas. La obra más famosa es el mural de Diego Rivera “Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central”. En 1947 Diego Rivera (1886-1947) pinta este mural a solicitud del arquitecto Carlos Obregón Santacilia, para el salón comedor del Hotel del Prado, que alguna vez se ubicó en la Av. Juárez en el Centro Histórico.  En él, Rivera condensó 400 años de historia de México y presenta una galería de personajes históricos entre los que destacan: Hernán Cortés, Fray Juan de Zumárraga, Sor Juana Inés de la Cruz, Benito Juárez, Porfirio Díaz, Francisco I. Madero y diversos personajes cotidianos. Él mismo se representa como niño en la sección central de la obra, donde se hace acompañar de Frida Kahlo, la catrina y José Guadalupe Posada. Actualmente esta obra puede apreciarse en el Museo Mural Diego Rivera.

“La Alameda Central ha sido una constante referencia visual. Desde el periodo virreinal, en los llamados cuadros de castas aparece como fondo la Alameda. Es un lugar de paseo muy característico de la ciudad y se ha ido representado en cuadros de castas, bordados de rebozos, muebles, litografías del siglo XIX, y para el siglo XX, en la fotografía”, comenta la historiadora María Esther Pérez-Salas Cantú

En la Alameda también se encuentran grandes y bellas obras de arte que se han ido adicionando en distintos períodos históricos. Resaltan el Hemiciclo a Juárez, monumento en mármol concebido por el arquitecto Guillermo Heredia, que fue inaugurado en 1910 con motivo de las fiestas del Centenario de la Independencia de México y el monumento al músico alemán Beethoven, que esculpido por Gladembech, fue obsequiado a la ciudad en 1921, en ocasión de cumplirse los cien años de la Novena Sinfonía.

La oferta cultural no sólo se encuentra en la Alameda, pues a su alrededor se encuentran importantes museos y centros culturales como son: Palacio de Bellas Artes y Museo del Palacio de Bellas Artes, el Teatro Hidalgo, el Museo Franz Mayer, el Museo Nacional de la Estampa, el Centro Cultural José Marti, el Laboratorio Arte Alameda, el Museo Mural Diego Rivera, el Museo de Arte Popular y el Ex Templo De Corpus Christi.

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La remodelación 2012

Datos de la recién remodelada Alameda Central:

  • Hay 520 luminarias que alumbran todos los senderos, mismos que presentan un nuevo aspecto por el material empleado para el piso.
  • Se reniveló el piso en un 40 % de su superficie total para que no haya escalones y sea una alameda articulada.
  • 11 fuentes históricas fueron restauradas y recuperadas con nuevas tecnologías de ahorro energético y tecnología de iluminación leds.
  • Se realizó el saneamiento de los 62 mil 500 metros cuadrados de áreas verdes del parque, a través de 685 podas, 80 trasplantes y la plantación de más de 600 sujetos forestales, así como la instalación de un nuevo sistema de riego que permitirá mantener en mejores condiciones la zona arbolada.
  • Se incorporaron 96 nuevas bancas metálicas, así como 24 bancas escultóricas creadas por el artista plástico Jorge Yázpik, que aunadas a las 26 bancas de cantera apostadas en torno a las glorietas del parque y a las 165 bancas metálicas ya existentes, hacen un total de 311 bancas para el descanso de los visitantes.
  • Restauración del emblemático Hemiciclo a Juárez, los monumentos de Beethoven y Humboldt, así como 7 esculturas: Gladiador con Espada y Gladiador con Daga, ambas del escultor mexicano José María Labastida; Malgré Tout, de Jesús F. Contreras; Desespoir, del mexicano Agustín M. Ocampo; Mujer Reclinada, Ninfa I. Alegoría de Otoño, y Ninfa II, Alegoría Primavera, todas ellas de finales del siglo XIX y principios del XX.

En tiempos prehispánicos, el lugar donde está la Alameda Central era una parte cercana a la periferia de la antigua ciudad de México-Tenochtitlan y correspondía al barrio o calpulli de Moyotla, uno de los cuatro en los que estuvo dividida la urbe prehispánica, en la remodelación se registraron por lo menos cinco canales prehispánicos que datan de 1350-1521 d.C. y que probablemente fueron usados para controlar niveles hidráulicos, dada su anchura, que va de los 60 a los 80 centímetros.

La Alameda remodelada. La Jornada

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2 thoughts on “La Alameda Central

  1. Pingback: Oficios y sonidos de antaño | Como en el tianguis

  2. Visité Mexico por primera vez en 1970 y en esa epoca había en el extremo norte de la Alameda Central un edificio de planta “ondulante” Si recuerdo bien era de metal y albergaba una librería ¿existen fotos de ese edificio? Aparece en la foto aerea:

    Gracias por su atención
    elmasemilio@yahoo.ca

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